Enamórate de ti

¡¡Hola a todos!!
Lo que hoy vais a leer no lo he escrito yo, lo ha escrito Susi Grau, una mujer valiente, comprometida cuya misión es ayudar a las mujeres a transformar su vida, a través de la creatividad y el arte.
 
En este artículo nos comparte su visión sobre el amor hacia uno mismo y que significa Enamorarse.
Espero que lo disfrutéis y visitéis su página Inspírate y cambia tu vida allí te sentirás cómoda y bien recibida.

ENAMÓRATE DE TI 

Definamos primero que significa “enamorar/enamorarse”:

Dícese de una persona que pasa a sentir amor por otra.

Tiene una segunda acepción que dice que es la persona que pasa a sentir entusiasmo o gran afición por una cosa.

De modo que si aprendemos a enamorarnos de nosotras mismas, quiere decir que somos capaces de pasar a amarnos, sí, a nosotras, a una misma.

Yendo un poco más allá, puede ser pasar a sentir un gran entusiasmo por las cosas que hacemos, aquellas que expresan quienes somos.

Estos son conceptos que pocas veces nos aplicamos. Somos capaces de enamorarnos de otra persona, o de alguna experiencia o tema, pero nos parece petulante y soberbio decirlo de nosotras mismas.

Es una cuestión de creencias. Una creencia es una idea a la que le damos crédito, que nos la creemos sin cuestionarla ni analizarla, sin reflexionar de verdad. Como cuando éramos niños y nos contaron que los Reyes Magos venían cada 5 de enero a dejar juguetes a los niños, como lo hicieron cuando nació Jesús. Como niños, nos lo creímos… hasta que empezamos a cuestionar esta idea al observar detalles que chocaban con esa realidad (al crecer y saber más de cómo funciona el mundo).

Por ejemplo, los camellos no pueden volar y acceder a una casa que está en el quinto piso de un edificio (donde vivo yo, el niño o niña que está observando este hecho sobre los Reyes Magos). Comentarios que dicen otros niños en el colegio, viajes rápidos y extraños entre mi casa y la de un vecino, llaves (que nunca hay) en el armario de mis padres… Al cuestionar una creencia, podemos darnos cuenta de su debilidad y podemos escoger si la seguimos creyendo, o no.

Todas las creencias que hemos ido aceptando a lo largo de nuestra vida pueden ser positivas para nosotros (yo puedo salir adelante en cualquier situación difícil) o negativas para nosotros (yo nunca he podido hacer esto y nunca podré).

En nuestra cultura occidental, muchas veces dominada por creencias religiosas (sobre todo creencias católicas), dedicar tiempo y energía a cultivar el amor por nosotras mismas, se ha llamado egoísmo.

Es importante señalar que el uso que se hace de conceptos religiosos, muchas veces no tiene nada que ver con dichos conceptos. Son las personas que los van modelando de otra manera, porque los entienden a su manera. Es en este sentido que indico que tales creencias (las de las personas) han ido dominando el entorno cultural de las mujeres, y de lo que se espera de ellas.

Si una mujer se cuida físicamente, se desmaquilla (y maquilla, claro), se cuida el pelo, escoge su ropa con esmero, se la llama presumida. Si tiene cuidado con lo que come, para que sea sano y no engorde, se la llama obsesa de las calorías. Si hace ejercicio físico, que no tiene otra cosa qué hacer. Si busca tener tiempo para sí misma, ir a yoga, o de compras, o con sus amigas, o simplemente para leer, se la llama egoísta.

Porque una de esas creencias limitadoras es la del sacrificio.

Que si amas, te has de sacrificar por el objeto amado. Sacrificar quiere decir que renuncias a algo pero sintiendo esa pérdida, existiendo aflicción por aquello a lo que has renunciado.

Cuando hablamos de dar (en vez de sacrificar), renuncias a algo (dinero, tiempo…) pero te sientes bien al dar, lo haces con alegría.

Podemos dar lo que queramos a quien queramos (sobre todo a nosotras mismas) y es innecesario sacrificarnos, es una actitud y una acción que no hace ninguna falta. Podemos dar y sentirnos bien, en lugar de afligirnos por lo que hemos dado (renunciado).

Pasar a sentir amor, enamorarse, quiere decir que hemos de buscar conocer profundamente a esa persona (otra persona o tú misma) ya que solo podemos amar de verdad, sin condiciones, a algo o alguien que conocemos en profundidad.

Sentir amor conlleva practicar la aceptación, que quiere decir que algo, algún aspecto, no te gusta pero no te molesta. Es decir, que quien decide lo que te afecta y lo que no, eres tú, no la cosa en sí.

Enamórate de ti. Pasa a sentir un gran amor por ti. Entusiásmate con lo que haces, con lo que expresa quien eres. Acéptate sin condiciones, decide tú lo que te afecta o aflige, y lo que no. El control de tu mente, de tus emociones, de tu vida, lo tienes tú.

Claro que también se ha dicho que en los sentimientos no se manda.

Pero es mentira. Los sentimientos son producto de una decisión. Las emociones son más viscerales, más fisiológicas. Dependen mucho más de la química del cerebro. Lo primero que sentimos, el impacto que nos causa algo o alguien, ese, no lo podemos controlar. Es como la lluvia, no podemos evitar que moje. Pero los sentimientos, están sujetos a nuestra voluntad. Voy a contarte algo: cuando me traje a mi mamá a vivir conmigo porque sola ya no se manejaba bien me pasó una cosa que jamás imaginé, odié a mi madre.

Tenía demencia senil y su conducta muchas veces no era propia de ella. Desarrolló algunas manías. Yo trabajaba todo el día (en mi propia casa, con ella) y tenía que batallar con esta nueva persona que no era mi madre. La veía sentadita en su sofá, la mar de bien, pero sentía que aquella señora no era mi madre, era una extraña que vivía en mi casa. Cuando hacía las cosas absurdas, me sacaba de quicio. Además, tenía pesadillas y me despertaba en mitad de la noche gritando mi nombre. Descansaba poco y mal y tenía los nervios a flor de piel. Empecé a odiarla. A desear tirarla por el balcón. Literalmente.

Como estaba cuerda (yo) sabía distinguir perfectamente entre mi imaginación y la realidad, de modo que nunca estuvo en peligro de morir defenestrada, claro. Así que no me quedó más remedio que enfrentar esta emoción visceral de odio. La acepté. No me gustaba en absoluto pero decidí que no me molestaba. Que tenía derecho de rebelarme a esa situación tan desagradable. Poco a poco le fui quitando importancia a sus absurdidades, en los escasos momentos en que mi madre (amada) estaba allí de nuevo, los gozaba intensamente. Vi otras perspectivas, encontré algunas soluciones. Dejé de sentir odio y conecté de nuevo con mi amor hacia ella. Acepté su transformación. Cambié el sentimiento basado en el odio, por el amor que yo quería seguir sintiendo por ella.

Tú también puedes mandar en tus sentimientos. Tú puedes conocerte, de verdad. Conectar con la persona que eres (no quien te han hecho creer que eres). Aceptarte sin condiciones. Alentarte al cien por cien. Sentirte extraordinaria. Hacer cosas extraordinarias.

El amor siempre suma, siempre da más: inteligencia, belleza, alegría, acción, energía…

Enamórate de ti, hasta las trancas. 

 

Me ha fascinado la sencillez con la que describe la aceptación “Sentir amor conlleva practicar la aceptación, que quiere decir que algo, algún aspecto, no te gusta pero no te molesta. Es decir, que quien decide lo que te afecta y lo que no, eres tú, no la cosa en sí”
Muchísimas gracias Susi Grau, por ayudarnos a que nuestro viaje hacia el descubrimiento de nuestra identidad nos haga Enamorarnos de nosotros mismos.

 

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3 thoughts on “Enamórate de ti

    1. A tí, por tu tiempo, tu respeto al mío y tu talento alentando a muchas mujeres a mirarse y decidir cambiar su vida. Un abrazo Susi.

  1. Que hermosa colaboración, que maravillosa conexión. ..Susi …escribes con el corazón sin olvidar la razon, y Loulou …nos muestra como mirarnos con los ojos del Alma que tanta falta nos hace…Felicitaciones y EXITOSSSS. ..UUn gran abrazooooo.

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