Una Rapunzel que vive en Alicante

De pie en el alféizar de la ventana, estaba yo, infinita, mágica, valiente, creadora, bella, libre, capaz, disfrutando de cómo el viento rozaba mi cara, y de cómo mi corazón que iba a mil por hora, proporcionaba oxígeno a todo mi cuerpo. Podía sentir la sangre deslizarse vertiginosamente por mis piernas que la acompañaban de un ligero temblor.

¡Uf!

Escuché lo que el silencio tenía para mí y me estremecí. Mi cuerpo se recogió como una flor cuando termina el día. Me abracé muy fuerte para aliviar el profundo dolor que sentía mi alma.

Rompí a llorar, ¡vaya si lo hice! Lloré, como nunca antes lo había hecho, lloré por todas aquellas mujeres que no pudieron hacerlo o no supieron o no se atrevieron y derramando lágrimas nuevas y purificadoras, iba liberando todo el dolor contenido.

Respiré profundamente varias veces hasta conseguir calmar mi agitado ritmo cardíaco. Sabía qué momento era ese, sabía que había llegado la hora y que estaba preparada.

Saltar de la torre donde estuve viviendo mucho tiempo suponía enfrentarse a lo que veía al mirarme en el espejo: una imagen sin definición creada a partir de un collage de ilusiones desenfocadas, sueños descalificados, de creencias y valores rígidos e inamovibles, de gustos y colores grises. Suponía dejar atrás equipaje que no era mío y hacerse responsable del que sí lo era.

Romper los lazos invisibles y pérfidos de la dependencia, ser consciente de VIVIR en mayúsculas, comprometerse con una misma y amarse por encima de todo. Esto era saltar de la torre.

Y…

¡Salté!

Me parí sola, con todo el amor que supe y pude darme, para emprender de nuevo mi aventura por la vida.

Ahora camino atenta con los ojos nuevos de la inocencia y la ilusión. Senderos únicos para mí, fruto de mi creación que se vuelven reales a cada paso. También encuentro árboles gigantes llenos de espinas que quieren impedirme el paso y otras, se me olvida quién soy, me despisto y creo mis propios monstruos para detenerme.

Entonces, algo se activa en mí y me permito recordar la torre, que miré el miedo de frente y que salté.

 

Lou Lou

 

 

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